miércoles, 8 de junio de 2016

TEÓLOGOS


Una voz general sobre los teólogos en la Iglesia tiene que dar por supuesto el profundo >pluralismo en el método teológico que caracteriza al período posconciliar en todas las Iglesias. Ha de reconocer también el hecho de que no existe una definición universalmente aceptada ni de la teología ni del teólogo. Para los efectos, se entenderá por teólogo aquel que trata de explicar e interpretar la revelación tal como es recibida y vivida en la Iglesia. El teólogo tiene un papel conservador, consistente en explicar la fe de la Iglesia, y un papel creativo de mostración y desarrollo de las implicaciones de esta fe para la Iglesia y para la sociedad. Este doble papel aparece ampliamente compartido en el Antiguo Testamento. Era el sacerdote quien interpretaba la ley; el profeta, por su parte, llamaba la atención sobre los desafíos concretos de la voluntad divina en el presente o en el futuro (Jer 18,18). Ambos tenían que conocer, comprender experiencialmente las realidades divinas sobre las que habían de hablar (Jer 14,18; cf Os 4,6; Mal 2,7).
En el Nuevo Testamento aparecen varios grupos de personas asociados a la enseñanza y la interpretación de la voluntad divina. Los autores sagrados fueron más que teólogos, ya que su reflexión formaba parte de la revelación de Dios a su pueblo. Los >apóstoles, los >profetas y los >maestros estaban todos ellos comprometidos además en el ministerio de la palabra y de la enseñanza. En el período inmediatamente posterior al Nuevo Testamento estos oficios y carismas continuaron, pero con una insistencia cada vez mayor en el papel del obispo como maestro y garante de la ortodoxia.
En el siglo II encontramos personas que no eran obispos pero que desempeñaban un papel de enseñanza y reflexionaban sobre los misterios. Ejemplos de ello son >san Justino, que era laico, y >Orígenes, que siendo laico, antes de ordenarse sacerdote, estuvo al frente de una escuela catequética. En la época patrística, sin embargo, los que enseñan la fe y reflexionan sobre sus implicaciones son en su mayoría obispos; aunque san Atanasio (+ 373) estuvo presente en el concilio de >Nicea I como diácono, y san Efrén, el único >doctor de la Iglesia sirio, era diácono y estaba al frente de una escuela diocesana de teología. San Jerónimo, otro de los doctores de la Iglesia, era sacerdote.
En la primera Edad media los que se dedicaban a hacer teología eran todavía principalmente obispos, pero hacia el siglo XI empezó a ser cada vez mayor la aportación de los monasterios. La teología se enseñó también en las escuelas catedralicias. A finales del siglo XII, las escuelas de París y poco después de Bolonia y deotros lugares empezaron a convertirse en comunidades de estudio, configurándose cada una como una universitas de estudiantes y un collegiumde maestros. En 1222 París tenía cuatro facultades: artes liberales, medicina, teología y el Decretum (derecho canónico).
A mediados del siglo XII la institución de las grandes universidades había adquirido la forma que mantendría durante siglos. Un estudiante de teología estudiaba primero las artes liberales y la filosofía. Luego, al cabo de unos años, se convertía en baccalarius biblicus, que podía «recorrer con soltura» (de ahícursor biblicus) un texto de las Escrituras. Con el tiempo pasaba a ser un sententiarius, expositor de las Sentencias de Pedro Lombardo (t 1160), el manual de teología que sirvió de modelo hasta la Reforma. Esta posición era la de un aprendiz de maestro. Uno llegaba a ser maestro a través de un proceso de «iniciación», consistente en un examen público a cargo de otros maestros que duraba dos días. El maestro era por encima de todo un exegeta, magister in sacra pagina. Sólo un maestro podía «decidir» una cuestión o determinar el significado de un pasaje de la Escritura; este daba una respuesta definitiva, unadeterminatio, que en autores medievales como santo Tomás suele introducirse con las palabras respondeo dicendum. Cada universidad tenía varias cátedras magisteriales de teología: el clero secular tenía varias, y las órdenes mendicantes una o dos cada una. Había rivalidad entre ellas, a menudo por envidia de los maestros seculares.
Santo Tomás distingue un doble oficio magisterial (>Magisterio), el pastoral y el académico: el de las cathedrae pastoralis/pontificalis de los obispos y el de lascathedrae magisteriales de los maestros de teología. El primero, basado en la caridad consiste en la potestad de enseñar y gobernar; el segundo, basado en el conocimiento, confiere la oportunidad de enseñar a los otros. No parece conveniente usar hoy este lenguaje, ya que podría dar la impresión de que se establece un >magisterio paralelo o alternativo. Las universidades llevaban a cabo también una enseñanza de carácter más público. Las universidades, unas veces, afirmaban doctrinas, como la Universidad de París, que en 1497 se puso a favor de la inmaculada concepción; otras veces, condenaban errores, como la Universidad de Oxford, que condené a >Wycliffe y >Hus.
Las relaciones entre los obispos y los teólogos han sido a menudo tirantes, desde la Edad media hasta la época actual. Hubo épocas en las que la colaboración fue importante, come en el concilio de >Trento, en el que fueron los teólogos los que realizaron el trabajo preliminar, sometiéndole luego al juicio de los padres conciliares. Después de Trento y tras el establecimiento de los seminarios (>Sacerdocio ministerial), además de enseñar en las universidades, los teólogos se dedicaron a enseñar teología a los que se preparaban para la ordenación. En el período que va de la Edad media al Vaticano II, casi todos los teólogos fueron sacerdotes u obispos.
El >Vaticano II fue un momento de fructífera colaboración entre los teólogos y los obispos. Durante los trabajos de preparación del concilio. los peritos en teología fueron en gran medida conservadores y configurados en moldes romanos. La presión de los miembros del concilio hizo que muchos de los mejores teólogos que había en la Iglesia tuvieran un papel en las labores conciliares, como periti y, en cuanto tales, miembros habituales de una o varias comisiones, o como teólogos personales de los obispos. El gran número de teólogos presentes entonces en Roma aseguró un verdadero pluralismo en los debates conciliares, contribuyendo de manera notable a la riqueza de los textos finales.
Si tomamos en cuenta la descripción operativa que hemos hecho del teólogo como el que explica e interpreta la revelación divina, puede argüirse que todo cristiano es un teólogo en virtud del sentido de la fe (LG 12; >Lumen gentium). Pero, en un sentido más estricto, nos encontramos con dos descripciones importantes del teólogo. En Oriente es una persona cualificada, en posesión de unos grados académicos (licenciatura o doctorado) y que se dedica profesionalmente y de lleno a la teología, generalmente a través de la enseñanza o la escritura.
En Oriente, el acento se pone en otra cosa; la idea fundamental es la de alguien que hace experiencia personal de los misterios divinos. El teólogo se caracteriza, no tanto por la formación, cuanto por la contemplación, especialmente de la trinidad. Por eso, los tres teólogos paradigmáticos son Juan el Teólogo (el Evangelista), Gregorio de Nacianzo (t 389) y Simeón el Nuevo Teólogo (t 1022). Gregorio de Nacianzo pone como ejemplos de grandes teólogos a Moisés, Elías y Pablo. Y observa que para ser teólogo hay que cumplir los mandamientos, buscar la pureza de corazón, evitar los meros razonamientos y técnicas humanos y contemplar las cosas celestes. P. Evdokimov señala que la teología es una labor que se realiza en el Espíritu, y cita a san Macario, que dice que el teólogo es un theodidaktos («enseñado por Dios»), y a san Simeón, que dice que es el Espíritu quien convierte a un erudito en teólogo.
En el período posconciliar el disenso se ha convertido en una cuestión importante. Se plantean, al parecer, dos problemas. A las autoridades eclesiásticas no les gusta que se publiquen ideas erróneas, en nuestros días frecuentemente críticas. Este primer problema, dada la realidad de los medios de comunicación modernos, es irreversible. Otra queja de las autoridades eclesiásticas se refiere a la enseñanza cuestionable practicada en las facultades de teología, escuelas y seminarios. Especialmente a un nivel de pregraduación, las autoridades de la Iglesia tienen derecho a insistir en que la enseñanza sea ortodoxa. Para garantizarlo existen ciertos procedimientos jurídicos: puede exigirse a los profesores una profesión pública de fe (professio fidei, >Credos y profesiones de fe); ciertos tipos de libros pueden necesitar licencia eclesiástica (imprimatur, >Censura); se pueden hacer advertencias (monitum), generalmente por parte de la Congregación para la doctrina de la fe, acerca de la obra de un teólogo. La medida más importante es la «licencia» requerida a los profesores de seminarios y a los miembros de facultades eclesiásticas: «Quienes explican disciplinas teológicas en cualquier instituto de estudios superiores deben tener mandato de la autoridad eclesiástica competente» (CIC 812). Los institutos a que se refiere el canon no parecen ser los seminarios, que tienen su propia legislación: en cada caso es el obispo el que nombra y cesa a los profesores del seminario (CIC 253). Quienes enseñan en facultades eclesiásticas parecen necesitar todavía una misión canónica, como solía decirse en los documentos de la Santa Sede desde el siglo XIX hasta incluso en 1979, si bien se ha argumentado que la legislación sobre el mandato reemplaza esta necesidad. Conviene notar que, dado que la ley es restrictiva, «disciplinas teológicas» ha de entenderse en sentido estricto, es decir, restringido (cf CIC 18); incluiría la teología sistemática o dogmática, así como la teología histórica, moral y sacramental, la historia de la Iglesia, la liturgia, la Escritura y el derecho canónico, pero no el resto de las disciplinas.
Los canonistas han apuntado algunos problemas: la situación particular [de las Universidades en todo el mundo] hace que estas disposiciones sean difíciles de cumplir; la ley se presta fácilmente a abusos, a intentos de ahogar la libertad académica, y puede suscitar dificultades con respecto a las leyes civiles; no se garantiza suficientemente la posibilidad de recurrir. Como ocurre en cualquier legislación, no se puede legislar confiando simplemente en la aplicación sabia y prudente de las leyes. Lo que está en juego, no obstante, es algo esencial: las autoridades de la Iglesia tienen derecho a asegurarse de que la doctrina oficial se transmita lealmente. En el caso de facultades que, por la ley civil, están fuera del alcance del control de la Iglesia, o, como ocurre más frecuentemente, cuando los profesores tienen su puesto reconocido ante la ley civil, la Congregación romana puede declarar que una determinada persona ha dejado de ser considerado teólogo católico.
La >Comisión Teológica Internacional publicó en 1975 un documento titulado Tesis sobre la relación entre el magisterio eclesiástico y la teología. Aunque ignorado y reemplazado en parte por posteriores documentos de la Santa Sede, muchas de sus ideas siguen siendo válidas. Es probablemente más rico que los documentos a los que hoy acudimos.
Aunque tal vez ocasionada por problemas de disenso, la instrucción de la >Congregación para la doctrina de la fe La vocación eclesial del teólogo tiene muchos aspectos positivos. Desarrolla las cualidades requeridas a los profesores de teología con mayor amplitud que el Código de Derecho canónico (CIC 810; 252; 253-254) y llena un vacío en las enseñanzas del Vaticano II, que menciona a los teólogos sólo de paso (LG 67; GS 44; PO 19; DV 23; UR 1 1; cf OT 14, 16; UR 10). Subraya que la teología es una búsqueda común de la verdad (nn 1, 21) y que es una labor asistida por el Espíritu (nn 5, 6, 17). Los teólogos están en el corazón del pueblo (n 6), haciendo una aportación importante: «En tiempos de grandes cambios espirituales y culturales la teología es muy importante. Sin embargo, está expuesta a riesgos, ya que ha de esforzarse por "permanecer" en la verdad (cf Jn 8,31) teniendo en cuenta al mismo tiempo los nuevos problemas con que se enfrenta el espíritu del hombre. En nuestro siglo, especialmente durante el período de preparación y aplicación del concilio Vaticano II, la teología contribuyó mucho a profundizar en "la comprensión de las realidades y las palabras transmitidas" (DV 8). Pero experimentó también y sigue experimentando momentos de crisis y tensión» (n 1). La instrucción señala las múltiples facetas de la labor teológica: la búsqueda de la comprensión de la fe (n 6); la comunicación de la fe y la esperanza dentro de la Iglesia y en su vocación misionera (n 7); la interpretación de la revelación (n 10), y el uso de normas hermenéuticas para hacer una interpretación correcta de los textos del magisterio (n 34). El trabajo del teólogo es también diverso: sondear la palabra de Dios en la Escritura y en la tradición (n 6); exponer la fe (n 7); tener en cuenta «los requisitos epistemológicos de la disciplina, las exigencias de las rigurosas normas críticas y la verificación racional de cada una de las fases de la investigación (n 9); trabajar interdisciplinarmente (n 10); consagrarse desinteresada y pacientemente al servicio del pueblo de Dios (n 11); gozar de una libertad de investigación real, pero limitada (n 12); estar dispuesto en determinadas circunstancias a plantear cuestiones acerca de las intervenciones magisteriales (n 24); estar animado por el amor a la Iglesia (n 31) e interpretar los textos del magisterio (n 34). En un texto importante se trata de la relación entre la teología y el magisterio —cuestión que subyace en realidad a toda la instrucción—: «La teología y el magisterio ciertamente son de naturaleza distinta y tienen misiones diversas y no pueden confundirse. No obstante, desempeñan ambos funciones vitales en la Iglesia, que han de penetrarse mutuamente y enriquecerse entre sí para el servicio del pueblo de Dios» (n 40).
Es tarea de la teología articular esta relación lo mejor posible. Pero se imponen ciertas distinciones necesarias. El magisterio enseña con autoridad, de un modo que reclama la sumisión religiosa de la mente y de la voluntad (LG 25; >Magisterio, >Congregación para la doctrina de la fe). A menos que el teólogo esté exponiendo la revelación, sus afirmaciones no tienen ningún carácter vinculante, sino que han de juzgarse a la luz de los argumentos aducidos. El magisterio se preocupa sobre todo por el mantenimiento de la tradición —tiene una función conservadora en el sentido más propio de la palabra—. Es al teólogo al que le corresponde ser creativo. El teólogo se dedica a investigar y reflexionar sobre la revelación a la vista de los problemas contemporáneos, ejerciendo un papel crítico dentro de la Iglesia. El juicio último acerca de la validez de su obra corresponde al magisterio «último» porque está también el juicio de sus colegas teólogos y, más en general, de la Iglesia a través del >sensus fidei. Los teólogos actúan por medio del carisma y del dominio de su disciplina, y pueden ser, aunque no siempre, profetas. El magisterio es por lo general institucional (>Carisma).
Las reacciones ante la instrucción han sido diversas. Aunque se han recibido bien por lo general sus afirmaciones positivas, se ha criticado la estrechez con que trata el tema del >disenso. Parece, en concreto, que subraya el papel interpretativo y conservador del teólogo, sin prestar suficiente atención al papel creativo de la teología. Podría haber ofrecido además orientación más positiva a los que están implicados en la enseñanza magisterial". El documento parece transmitir, por otro lado, la impresión de que, cuando hay problemas, lo más probable es que sea el teólogo el que está equivocado. Probablemente la situación óptima es una sana tensión entre el magisterio y los teólogos. Si esta tensión desaparece, es probable que los teólogos o el magisterio, o ambos a la vez, estén fallando en su función".
Intelectualismo socrático
El intelectualismo socrático o intelectualismo moral socrático es aquel que identifica la virtud como el conocimiento. Según Sócrates, bastaba el conocimiento de lo justo (la autognosis) para obrar correctamente. Según ésta doctrina, las malas acciones son producto del desconocimiento, esto es, no son voluntarias, ya que el conocimiento de lo justo sería suficiente para obrar virtuosamente
Sócrates (470 a.C. al 399 a.C.) desarrolló la teoría del intelectualismo moral partiendo de la base del dualismo antropológico, es decir, a partir de la afirmación que el hombre está formado por una parte material (el cuerpo) y una parte no material (el alma), sin tener ésta última un significado religioso y la vez siendo la parte más importante del hombre (de ahí la frase “Conócete a ti mismo”). Por tanto, se da supremacía a los valores internos, y la salud del hombre residirá en su alma. Ésta salud será únicamente alcanzable a través de la virtud (hacer lo correcto), la cual, a su vez, se alcanza mediante el conocimiento (de la verdad, no del erudito). Es decir, ser virtuoso conducirá a una conducta justa, la cuál llevará a la felicidad y la satisfacción.

La tesis esencial del intelectualismo moral es la siguiente: la experiencia moral se basa en el conocimiento del bien. Sólo si se conoce qué es el bien y la justicia se puede realizar el bien y la justicia. Sócrates hace las siguientes consideraciones a sus conciudadanos: cuando uno de vosotros está enfermo no propone una votación entre los miembros de la familia para establecer qué remedio es adecuado para curar la enfermedad: ocurre más bien que llama al médico y se somete a su juicio y recomendaciones; cuando un ejército quiere derrotar al enemigo no se realiza una consulta popular para establecer el modo de atacar, es el estratega quien decide el modo de dirigir a los soldados y plantear las batallas; cuando queremos levantar un edificio no hacemos una votación para decidir el modo de construirlo, dejamos que sea el arquitecto quien imponga su criterio. Y pregunta a continuación Sócrates: ¿Por qué cuando se trata de lo más importante de todo, que es el bien de la ciudad y todas las leyes que son adecuadas para la convivencia entre los ciudadanos, dejamos que todo el mundo opine y nos sometemos a la mayoría y no llamamos a aquél que sabe? Para el intelectualismo moral los asuntos morales y políticos tienen que ser cosa de expertos. Esta propuesta socrática puede dar lugar a interpretaciones políticas antidemocráticas y elitistas (como, por cierto, se ve claramente en la filosofía política de su discípulo Platón).

El punto de vista de Sócrates está aquejado de cierta ambigüedad: cuando Sócrates pide que en la base de la moral y la política se encuentre el conocimiento ¿a qué conocimiento se refiere? Podemos distinguir entre el saber hacer algo y el saber en qué consiste ese algo. Por ejemplo, el artista sabe hacer belleza, pero es muy posible que no sepa en qué consiste la belleza, ni qué pasos concretos hay que seguir para alcanzarla. El primer tipo de saber es un saber entendido como destreza (bien sea corporal o espiritual) para la realización de algo, y el segundo tipo es un saber entendido como conocimiento explícito y consciente de algo (como ocurre por ejemplo en la ciencia). Es fácil observar que estas dos formas de saber no tienen que ir necesariamente unidas, así el historiador y el crítico del arte pueden saber explícitamente muchas cosas relativas a la belleza, pero es muy posible que no sepan crear arte ni belleza. Parece ser que Sócrates pedía un conocimiento del segundo tipo como garantía de las acciones buenas y justas. De ahí la confusión que creaba en sus interlocutores cuando les preguntaba por una definición de aquello para lo cual se les suponía expertos.

Nuestras convicciones vulgares parecen contrarias al intelectualismo moral pues creemos que alguien puede saber que algo está mal y sin embargo realizarlo. Para el intelectualismo moral la perfección moral es una consecuencia de la perfección del intelecto o razón; sin embargo otros autores como Aristóteles se acercarán más al punto de vista corriente al considerar que el conocimiento no es condición suficiente para la conducta justa y buena. Este autor pondrá como fundamento de la práctica moral la perfección de la voluntad más que la perfección del intelecto: la conducta buena no depende tanto del conocimiento como de la disciplina de la voluntad en la realización de las acciones justas. Así, desde el punto de vista de Aristóteles y en contra del intelectualismo moral, cabe concluir que seguramente para ser justo es necesario saber realizar la justicia, pero aquí esta palabra no designa un conocimiento explícito y teórico de la justicia sino la posesión de una habilidad o disposición para la realización de acciones justas.
EL EMPIRISMO.
El empirismo clásico abarca los siglos XVII y XVIII, por lo que se sitúa tanto en la época barroca como en la Ilustración. Es una corriente de pensamiento básicamente inglesa, en una Inglaterra peculiar con respecto al resto de Europa. Las revoluciones burguesas contra el absolutismo de 1640-1650, comunes a toda Europa, sólo lograron triunfar en Inglaterra, donde al poder económico de la burguesía se sumó el poder político de la nobleza. Tras un período de graves crisis políticas y guerras civiles, se instaura en 1688 la monarquía parlamentaria, triunfando así los intereses económicos, políticos y culturales de la burguesía. A partir de ahora será Inglaterra la potencia a imitar, y entre los inspiradores de la Ilustración destacarán dos ingleses: Locke (teórico del liberalismo político) y Newton (ciencia).

Antecedentes del empirismo los encontramos en la escuela de Oxford del siglo XIII y la comente nominalista posterior.

Coincide con el racionalismo en considerar el problema del conocimiento como e¡ asunto central de la filosofía, pero las respuestas son, en general, opuestas. Por otra parte, tanto racionalismo como. Empirismo toma como modelo la ciencia moderna pero mientras los primeros lo hacen en su aspecto matemático, los segundos recogen la importancia de la experiencia.

Las características principales del empirismo son:

1.El origen del conocimiento es la experiencia. La mente es una

"Tabla rasa" que ha de ser rellenada de contenido empírico. Se niegan

Por tanto las ideas innatas que defendía el racionalismo.

2. El conocimiento humano tiene un límite: la propia experiencia.

Todo conocimiento que pretenda ir más allá de la experiencia es o meramente probable o dudoso. El escepticismo de Hume será el más
 claro ejemplo de desavenencia con la pretensión racionalista de un conocimiento absoluto.

3. Todo conocimiento es conocimiento de ideas. Se conocen las ideas, no las cosas. En esto coinciden con el racionalismo. En George Berkeley esta tesis conducirá a un idealismo radical (negación de la realidad material).

4. La razón es una razón crítica (examina sus límites y posibilidades) que queda invalidada para asuntos metafísicos, por lo que su tarea debe inclinarse a cuestiones prácticas (políticas, morales,...).

Los principales representantes del empirismo clásico son Locke, Berkeley y Hume.

John Locke (1632-1704). De gran actividad política, teórico del liberalismo político, sus teorías inspiran las revoluciones burguesas de su país, las teorías políticas de la Ilustración francesa y la Constitución de los Estados Unidos. Desde el punto de vista de la teoría del conocimiento, aunque con alguna influencia racionalista, es el fundador del empirismo. Pensaba que todo posible conocimiento deriva de la experiencia. De ella recibimos información que configúralas ideas simples (color, olor, figura, ...), y a partir de éstas elaboramos /deas complejas (las distintas sustancias). A qué realidad extramental hagan referencia estas ideas derivadas, es de lo que no sabemos nada. Sus principales obras son Dos tratados sobre el gobierno civil, y Ensayo sobre el entendimiento humano.
QUE ES EL METODO CIENTÍFICO?
Tenemos tres definiciones básicas que nos explican el concepto de lo que es el método científico y son:
1) El método científico es el conjunto de procedimientos lógicos que sigue la investigación para descubrir las relaciones internas y externas de los procesos de la realidad natural y social.
2) Llamamos método científico a la serie ordenada de procedimientos de que se hace uso en la investigación científica para obtener la extensión de nuestros conocimientos.
3) Se entiende por método científico al conjunto de procesos que el hombre debe emplear en la investigación y demostración de la verdad.
EL METODO CIENTIFICO ES RACIONAL
Es racional porque se funda en la razón, es decir, en la lógica, lo cual significa que parte de conceptos, juicios y razonamientos y vuelve a ellos; por lo tanto, el método científico no puede tener su origen en las apariencias producidas por las sensaciones, por las creencias o preferencias personales. También es racional porque las ideas producidas se combinan de acuerdo a ciertas reglas lógicas, con el propósito de producir nuevas ideas.
EL METODO CIENTIFICO ES ANALÍTICO

El método científico descompone todo lo que trata con sus elementos; trata de entender la situación total en términos de sus componentes; intenta descubrir los elementos que componen cada totalidad y las interrelaciones que explican su integración. Por tal razón, los problemas de la ciencia son parciales y así con sus soluciones, mas aun: los problemas son estrechos al comienzo, pero van ampliándose a medida que la investigación avanza.
EL METODO CIENTIFICO ES CLARO Y PRECISO
La claridad y la precisión del método científico se consigue de las siguientes formas
Los problemas se formulan de manera clara, para lo cual, hemos de distinguir son los problemas e, incluiremos en ellos los conceptos o categorías fundamentales.
El método científico inventa lenguajes artificiales utilizando símbolos y signos; a estos símbolos se les atribuye significados determinados por medio de reglas de designación.
EL METODO CIENTIFICO ES VERIFICABLE
Todo conocimiento debe aprobar el examen de la experiencia, esto es, observacional y experimental. Por tal razón la ciencia fáctica es empírica en el sentido de que la comprobación de sus hipótesis involucra la experiencia; pero no es necesariamente experimental y, por eso, no es agotada por las ciencias de laboratorio.
EL METODO CIENTIFICO ES EXPLICATIVO
Intenta explicar los hechos en términos de leyes, y las leyes en términos de principios; ademas de responder al como son los cosas, responde tambien a los porques, porque suceden los hechos como suceden y no de otra manera.
La explicación científica se realiza siempre en términos de leyes.
OBJETIVO DEL METODO CIENTIFICO
El método científico busca alcanzar la verdad fáctica mediante la adaptación de las ideas a los hechos, para lo cual utiliza la observación y la experimentación.
El método parte de los hechos intentando describirlos tales como son para llegar a formular los enunciados fácticos que se observan con ayuda de teorías se constituye en la materia prima para la elaboración teórica.
3.2 ESTRUCTURA DEL METODO CIENTIFICO
Cuando se analiza un determinado fenómeno se procede sistemáticamente, siguiendo una serie de etapas establecidas en sus pasos fundamentales. Esta secuencia constituye el denominado método científico, o experimental que se estructura de:
OBSERVACIÓN O EXPERIMENTACIÓN
La observación consiste en un examen critico y cuidadoso de los fenómenos, notando y analizando los diferentes factores y circunstancias que parecen influenciarlos.
La experimentación consiste en la observación del fenómeno bajo condiciones preparadas de antemano y cuidadosamente controladas. Sin la experimentación la Ciencia Moderna nunca habría alcanzado los avances que han ocurrido.
Los laboratorios son esenciales para el método.
ORGANIZACIÓN
Se refiere al análisis de los resultados cualitativos y cuantitativos obtenidos, compararlos entre ellos y con los resultados de observaciones anteriores, llegando a leyes que se expresan mediante formulas o en palabras.
HIPÓTESIS Y TEORIA
En este paso se propone explicaciones tentativas o hipótesis, que deben ser probadas mediante experimentos. Si la experimentación repetida no las contradice pasan a ser teorías. Las teorías mismas sirven como guías para nuevos experimentos y constantemente están siendo sometidas a pruebas. En la teoría, se aplica razonamientos lógicos y deductivos al modelo.
VERIFICACIÓN Y PREDICCION

El resultado final es la predicción de algunos fenómenos no observados todavía o la verificación de las relaciones entre varios procesos. El conocimiento que un físico o investigador adquiere por medios teóricos a su vez puede ser utilizado por otros científicos para realizar nuevos experimentos para comprobar el modelo mismo, o para determinar sus limitaciones o fallas. El físico teórico entonces revisa y modifica su modelo de modo que este de acuerdo con la nueva información. En esta interrelación entre la experimentación y la teoría lo que permite a la ciencia progresar continuamente sobre una base sólida.
3.3 IMPORTANCIA DE SU UTILIZACIÓN
Como ya se analizado anteriormente este método científico es de vital importancia para la ciencia en general, porque ha sido la responsable directa de todos los avances que se han producido en todos los campos científicos y que por ende han influido sobre nuestra sociedad.
Gracias a sus componentes estructurales y a lo que busca en si este método a dado los pasos necesarios para que grupos de científicos dedicados a su materia vayan descubriendo y detectando fallas en teorías predecesoras a las suyas.

 EL HOMBRE COMO SER SOCIAL Y POLÍTICO
Desde que nacemos entramos a un mundo peculiar, a un ámbito eminentemente humano. Ello significa que vivimos compartiendo hábitos, costumbres, tradiciones, lengua y sobre todo normas, valores y leyes con otros seres humanos. Y a este mundo o ámbito humano se le llama también sociedad. Vivir en sociedad es en suma, desde el punto de vista sociológico y antropológico: convivir con los otros.

Aristóteles, uno de los más importantes filósofos de la antigüedad griega, define al hombre como un animal político, lo que en otros conceptos significa, que como humanos necesariamente tenemos que vivir en sociedad. No cabe la menor duda, nacemos humanos, pero lo humano no es meramente biológico, lo genéticamente dado en cada uno de nosotros. Los demás seres vivos, nacen ya genéticamente programadas para ser lo que son, y no pueden hacer otra cosa de lo que viene dado en su programa biológico.

Los seres humanos, al vivir en sociedad, a diferencia de los animales, nos educamos, nos transformamos para bien o para mal, ya que fuera del ámbito social esto no sería posible. Por esta razón el mismo Aristóteles nos dice que fuera de la sociedad sólo podrán existir los dioses o las bestias.

Se podría decir que la diferencia entre los seres humanos y los animales radica, entre otras cosas, en el grado de inteligencia que desarrollan; sin embargo, la inteligencia humana conlleva la capacidad de poder transformar el mundo. Marx entendió esta capacidad humana productiva no solamente como una transformación que genera bienes de consumo, sino también una capacidad humana productiva no solamente como una transformación que genera bienes de consumo, sino también una capacidad que nos permite producir valores culturales.

Un individuo requiere de la sociedad para poder formarse y proyectar como ser humano. Podemos decir que las normas o reglas sociales permiten en gran medida la convivencia, ya que regulan nuestra conducta y formas de relacionarnos con los demás. La tolerancia, la justicia y la solidaridad, entre otros valores, se hacen patentes en una comunidad integrada por seres humanos que ordenan sus vidas ya en lo individual o en lo social, de acuerdo a formas de vida, principios, valores, normas y leyes establecidas justamente para garantizar el bien común.