domingo, 11 de septiembre de 2016


Habla del comportamiento social del ser humano, de la mediocridad del mismo. Uno de los factores que influyen a la mediocridad del ser humano según el autor es la falta de ideales, no importa cuales sean, simplemente la falta de ellos. Creía que la carencia de estos, era una formula mágica para que una vida se tornara monótona y sin sentido. Dejando de lado por supuesto la falta de educación.
En todo el libro existen tres distinciones. Para la ocasión de la intelectualidad el autor distingue de estas maneras: El estúpido, el mediocre (intelectual), y el genio, ubicando al estúpido y al genio en extremos opuestos, aclarando que son los menos, porque claramente ser estúpido o genio es una cuestión innata, existiendo igual cantidad de genios que de estúpidos, es decir pocos. La critica del autor a los mediocres intelectuales se basa en no querer acercarse a la genialidad, aunque nunca se alcance, claro está.
Pensar que el libro se terminó cuando aun no existían los medios de comunicación masivos como la radio y la televisión, que me parecen que son claros forjadores de opiniones. Así que imaginemos que la mediocridad que plantea José Ingenieros, por lo menos en el caso de los pensamientos en masa, debe haber crecido de manera exponencial hasta la actualidad.

martes, 6 de septiembre de 2016

el hombre mediocre 
José Ingenieros, en El hombre mediocre, brinda una perspectiva muy crítica sobre lo que es la mediocridad, la falta de ideales y la superación personal. El libro es un poco pesado para mi gusto, pero de una riqueza increíble: realmente muestra cómo y por qué vivimos en el mundo en que vivimos desde un punto de vista muy filosófico. El libro define al hombre de la sociedad actual (aunque su primera edición tenga más de 100 años) de una manera casi utópica. Es decir, como si no existiera, como si fuera imposible de pensar que alguien que utilice su razón pueda actuar como José Ingenieros lo expone.
Se trata de un libro que habla de la inmoralidad, los intereses personales, la despreocupación por los demás y la hipocresía; como producto de una rutina enfermiza. Lo más interesante es que el libro se presenta como una oportunidad a aquellas personas que aun no caen en las garras de la rutina, y todavía dan esperanzas de cambio. Aunque un poco complicado de leer es una buena herramienta de pensamiento para los jóvenes y adolescentes que se encuentran en procesos de cambio y están definiendo sus vidas; sin dejar de lado a cualquier persona con deseos de superación, y que profesan buscar un mundo mejor.
Sinceramente es un libro que vale la pena leer. Con muy buen criterio pone en tela de juicio el comportamiento humano, y todavía es actual, eso lo convierte en oro en polvo. A continuación puedes encontrar un link donde se citan algunas frases del libro, te va a ser muy difícil elegir una. Que lo disfrutes.

miércoles, 8 de junio de 2016

TEÓLOGOS


Una voz general sobre los teólogos en la Iglesia tiene que dar por supuesto el profundo >pluralismo en el método teológico que caracteriza al período posconciliar en todas las Iglesias. Ha de reconocer también el hecho de que no existe una definición universalmente aceptada ni de la teología ni del teólogo. Para los efectos, se entenderá por teólogo aquel que trata de explicar e interpretar la revelación tal como es recibida y vivida en la Iglesia. El teólogo tiene un papel conservador, consistente en explicar la fe de la Iglesia, y un papel creativo de mostración y desarrollo de las implicaciones de esta fe para la Iglesia y para la sociedad. Este doble papel aparece ampliamente compartido en el Antiguo Testamento. Era el sacerdote quien interpretaba la ley; el profeta, por su parte, llamaba la atención sobre los desafíos concretos de la voluntad divina en el presente o en el futuro (Jer 18,18). Ambos tenían que conocer, comprender experiencialmente las realidades divinas sobre las que habían de hablar (Jer 14,18; cf Os 4,6; Mal 2,7).
En el Nuevo Testamento aparecen varios grupos de personas asociados a la enseñanza y la interpretación de la voluntad divina. Los autores sagrados fueron más que teólogos, ya que su reflexión formaba parte de la revelación de Dios a su pueblo. Los >apóstoles, los >profetas y los >maestros estaban todos ellos comprometidos además en el ministerio de la palabra y de la enseñanza. En el período inmediatamente posterior al Nuevo Testamento estos oficios y carismas continuaron, pero con una insistencia cada vez mayor en el papel del obispo como maestro y garante de la ortodoxia.
En el siglo II encontramos personas que no eran obispos pero que desempeñaban un papel de enseñanza y reflexionaban sobre los misterios. Ejemplos de ello son >san Justino, que era laico, y >Orígenes, que siendo laico, antes de ordenarse sacerdote, estuvo al frente de una escuela catequética. En la época patrística, sin embargo, los que enseñan la fe y reflexionan sobre sus implicaciones son en su mayoría obispos; aunque san Atanasio (+ 373) estuvo presente en el concilio de >Nicea I como diácono, y san Efrén, el único >doctor de la Iglesia sirio, era diácono y estaba al frente de una escuela diocesana de teología. San Jerónimo, otro de los doctores de la Iglesia, era sacerdote.
En la primera Edad media los que se dedicaban a hacer teología eran todavía principalmente obispos, pero hacia el siglo XI empezó a ser cada vez mayor la aportación de los monasterios. La teología se enseñó también en las escuelas catedralicias. A finales del siglo XII, las escuelas de París y poco después de Bolonia y deotros lugares empezaron a convertirse en comunidades de estudio, configurándose cada una como una universitas de estudiantes y un collegiumde maestros. En 1222 París tenía cuatro facultades: artes liberales, medicina, teología y el Decretum (derecho canónico).
A mediados del siglo XII la institución de las grandes universidades había adquirido la forma que mantendría durante siglos. Un estudiante de teología estudiaba primero las artes liberales y la filosofía. Luego, al cabo de unos años, se convertía en baccalarius biblicus, que podía «recorrer con soltura» (de ahícursor biblicus) un texto de las Escrituras. Con el tiempo pasaba a ser un sententiarius, expositor de las Sentencias de Pedro Lombardo (t 1160), el manual de teología que sirvió de modelo hasta la Reforma. Esta posición era la de un aprendiz de maestro. Uno llegaba a ser maestro a través de un proceso de «iniciación», consistente en un examen público a cargo de otros maestros que duraba dos días. El maestro era por encima de todo un exegeta, magister in sacra pagina. Sólo un maestro podía «decidir» una cuestión o determinar el significado de un pasaje de la Escritura; este daba una respuesta definitiva, unadeterminatio, que en autores medievales como santo Tomás suele introducirse con las palabras respondeo dicendum. Cada universidad tenía varias cátedras magisteriales de teología: el clero secular tenía varias, y las órdenes mendicantes una o dos cada una. Había rivalidad entre ellas, a menudo por envidia de los maestros seculares.
Santo Tomás distingue un doble oficio magisterial (>Magisterio), el pastoral y el académico: el de las cathedrae pastoralis/pontificalis de los obispos y el de lascathedrae magisteriales de los maestros de teología. El primero, basado en la caridad consiste en la potestad de enseñar y gobernar; el segundo, basado en el conocimiento, confiere la oportunidad de enseñar a los otros. No parece conveniente usar hoy este lenguaje, ya que podría dar la impresión de que se establece un >magisterio paralelo o alternativo. Las universidades llevaban a cabo también una enseñanza de carácter más público. Las universidades, unas veces, afirmaban doctrinas, como la Universidad de París, que en 1497 se puso a favor de la inmaculada concepción; otras veces, condenaban errores, como la Universidad de Oxford, que condené a >Wycliffe y >Hus.
Las relaciones entre los obispos y los teólogos han sido a menudo tirantes, desde la Edad media hasta la época actual. Hubo épocas en las que la colaboración fue importante, come en el concilio de >Trento, en el que fueron los teólogos los que realizaron el trabajo preliminar, sometiéndole luego al juicio de los padres conciliares. Después de Trento y tras el establecimiento de los seminarios (>Sacerdocio ministerial), además de enseñar en las universidades, los teólogos se dedicaron a enseñar teología a los que se preparaban para la ordenación. En el período que va de la Edad media al Vaticano II, casi todos los teólogos fueron sacerdotes u obispos.
El >Vaticano II fue un momento de fructífera colaboración entre los teólogos y los obispos. Durante los trabajos de preparación del concilio. los peritos en teología fueron en gran medida conservadores y configurados en moldes romanos. La presión de los miembros del concilio hizo que muchos de los mejores teólogos que había en la Iglesia tuvieran un papel en las labores conciliares, como periti y, en cuanto tales, miembros habituales de una o varias comisiones, o como teólogos personales de los obispos. El gran número de teólogos presentes entonces en Roma aseguró un verdadero pluralismo en los debates conciliares, contribuyendo de manera notable a la riqueza de los textos finales.
Si tomamos en cuenta la descripción operativa que hemos hecho del teólogo como el que explica e interpreta la revelación divina, puede argüirse que todo cristiano es un teólogo en virtud del sentido de la fe (LG 12; >Lumen gentium). Pero, en un sentido más estricto, nos encontramos con dos descripciones importantes del teólogo. En Oriente es una persona cualificada, en posesión de unos grados académicos (licenciatura o doctorado) y que se dedica profesionalmente y de lleno a la teología, generalmente a través de la enseñanza o la escritura.
En Oriente, el acento se pone en otra cosa; la idea fundamental es la de alguien que hace experiencia personal de los misterios divinos. El teólogo se caracteriza, no tanto por la formación, cuanto por la contemplación, especialmente de la trinidad. Por eso, los tres teólogos paradigmáticos son Juan el Teólogo (el Evangelista), Gregorio de Nacianzo (t 389) y Simeón el Nuevo Teólogo (t 1022). Gregorio de Nacianzo pone como ejemplos de grandes teólogos a Moisés, Elías y Pablo. Y observa que para ser teólogo hay que cumplir los mandamientos, buscar la pureza de corazón, evitar los meros razonamientos y técnicas humanos y contemplar las cosas celestes. P. Evdokimov señala que la teología es una labor que se realiza en el Espíritu, y cita a san Macario, que dice que el teólogo es un theodidaktos («enseñado por Dios»), y a san Simeón, que dice que es el Espíritu quien convierte a un erudito en teólogo.
En el período posconciliar el disenso se ha convertido en una cuestión importante. Se plantean, al parecer, dos problemas. A las autoridades eclesiásticas no les gusta que se publiquen ideas erróneas, en nuestros días frecuentemente críticas. Este primer problema, dada la realidad de los medios de comunicación modernos, es irreversible. Otra queja de las autoridades eclesiásticas se refiere a la enseñanza cuestionable practicada en las facultades de teología, escuelas y seminarios. Especialmente a un nivel de pregraduación, las autoridades de la Iglesia tienen derecho a insistir en que la enseñanza sea ortodoxa. Para garantizarlo existen ciertos procedimientos jurídicos: puede exigirse a los profesores una profesión pública de fe (professio fidei, >Credos y profesiones de fe); ciertos tipos de libros pueden necesitar licencia eclesiástica (imprimatur, >Censura); se pueden hacer advertencias (monitum), generalmente por parte de la Congregación para la doctrina de la fe, acerca de la obra de un teólogo. La medida más importante es la «licencia» requerida a los profesores de seminarios y a los miembros de facultades eclesiásticas: «Quienes explican disciplinas teológicas en cualquier instituto de estudios superiores deben tener mandato de la autoridad eclesiástica competente» (CIC 812). Los institutos a que se refiere el canon no parecen ser los seminarios, que tienen su propia legislación: en cada caso es el obispo el que nombra y cesa a los profesores del seminario (CIC 253). Quienes enseñan en facultades eclesiásticas parecen necesitar todavía una misión canónica, como solía decirse en los documentos de la Santa Sede desde el siglo XIX hasta incluso en 1979, si bien se ha argumentado que la legislación sobre el mandato reemplaza esta necesidad. Conviene notar que, dado que la ley es restrictiva, «disciplinas teológicas» ha de entenderse en sentido estricto, es decir, restringido (cf CIC 18); incluiría la teología sistemática o dogmática, así como la teología histórica, moral y sacramental, la historia de la Iglesia, la liturgia, la Escritura y el derecho canónico, pero no el resto de las disciplinas.
Los canonistas han apuntado algunos problemas: la situación particular [de las Universidades en todo el mundo] hace que estas disposiciones sean difíciles de cumplir; la ley se presta fácilmente a abusos, a intentos de ahogar la libertad académica, y puede suscitar dificultades con respecto a las leyes civiles; no se garantiza suficientemente la posibilidad de recurrir. Como ocurre en cualquier legislación, no se puede legislar confiando simplemente en la aplicación sabia y prudente de las leyes. Lo que está en juego, no obstante, es algo esencial: las autoridades de la Iglesia tienen derecho a asegurarse de que la doctrina oficial se transmita lealmente. En el caso de facultades que, por la ley civil, están fuera del alcance del control de la Iglesia, o, como ocurre más frecuentemente, cuando los profesores tienen su puesto reconocido ante la ley civil, la Congregación romana puede declarar que una determinada persona ha dejado de ser considerado teólogo católico.
La >Comisión Teológica Internacional publicó en 1975 un documento titulado Tesis sobre la relación entre el magisterio eclesiástico y la teología. Aunque ignorado y reemplazado en parte por posteriores documentos de la Santa Sede, muchas de sus ideas siguen siendo válidas. Es probablemente más rico que los documentos a los que hoy acudimos.
Aunque tal vez ocasionada por problemas de disenso, la instrucción de la >Congregación para la doctrina de la fe La vocación eclesial del teólogo tiene muchos aspectos positivos. Desarrolla las cualidades requeridas a los profesores de teología con mayor amplitud que el Código de Derecho canónico (CIC 810; 252; 253-254) y llena un vacío en las enseñanzas del Vaticano II, que menciona a los teólogos sólo de paso (LG 67; GS 44; PO 19; DV 23; UR 1 1; cf OT 14, 16; UR 10). Subraya que la teología es una búsqueda común de la verdad (nn 1, 21) y que es una labor asistida por el Espíritu (nn 5, 6, 17). Los teólogos están en el corazón del pueblo (n 6), haciendo una aportación importante: «En tiempos de grandes cambios espirituales y culturales la teología es muy importante. Sin embargo, está expuesta a riesgos, ya que ha de esforzarse por "permanecer" en la verdad (cf Jn 8,31) teniendo en cuenta al mismo tiempo los nuevos problemas con que se enfrenta el espíritu del hombre. En nuestro siglo, especialmente durante el período de preparación y aplicación del concilio Vaticano II, la teología contribuyó mucho a profundizar en "la comprensión de las realidades y las palabras transmitidas" (DV 8). Pero experimentó también y sigue experimentando momentos de crisis y tensión» (n 1). La instrucción señala las múltiples facetas de la labor teológica: la búsqueda de la comprensión de la fe (n 6); la comunicación de la fe y la esperanza dentro de la Iglesia y en su vocación misionera (n 7); la interpretación de la revelación (n 10), y el uso de normas hermenéuticas para hacer una interpretación correcta de los textos del magisterio (n 34). El trabajo del teólogo es también diverso: sondear la palabra de Dios en la Escritura y en la tradición (n 6); exponer la fe (n 7); tener en cuenta «los requisitos epistemológicos de la disciplina, las exigencias de las rigurosas normas críticas y la verificación racional de cada una de las fases de la investigación (n 9); trabajar interdisciplinarmente (n 10); consagrarse desinteresada y pacientemente al servicio del pueblo de Dios (n 11); gozar de una libertad de investigación real, pero limitada (n 12); estar dispuesto en determinadas circunstancias a plantear cuestiones acerca de las intervenciones magisteriales (n 24); estar animado por el amor a la Iglesia (n 31) e interpretar los textos del magisterio (n 34). En un texto importante se trata de la relación entre la teología y el magisterio —cuestión que subyace en realidad a toda la instrucción—: «La teología y el magisterio ciertamente son de naturaleza distinta y tienen misiones diversas y no pueden confundirse. No obstante, desempeñan ambos funciones vitales en la Iglesia, que han de penetrarse mutuamente y enriquecerse entre sí para el servicio del pueblo de Dios» (n 40).
Es tarea de la teología articular esta relación lo mejor posible. Pero se imponen ciertas distinciones necesarias. El magisterio enseña con autoridad, de un modo que reclama la sumisión religiosa de la mente y de la voluntad (LG 25; >Magisterio, >Congregación para la doctrina de la fe). A menos que el teólogo esté exponiendo la revelación, sus afirmaciones no tienen ningún carácter vinculante, sino que han de juzgarse a la luz de los argumentos aducidos. El magisterio se preocupa sobre todo por el mantenimiento de la tradición —tiene una función conservadora en el sentido más propio de la palabra—. Es al teólogo al que le corresponde ser creativo. El teólogo se dedica a investigar y reflexionar sobre la revelación a la vista de los problemas contemporáneos, ejerciendo un papel crítico dentro de la Iglesia. El juicio último acerca de la validez de su obra corresponde al magisterio «último» porque está también el juicio de sus colegas teólogos y, más en general, de la Iglesia a través del >sensus fidei. Los teólogos actúan por medio del carisma y del dominio de su disciplina, y pueden ser, aunque no siempre, profetas. El magisterio es por lo general institucional (>Carisma).
Las reacciones ante la instrucción han sido diversas. Aunque se han recibido bien por lo general sus afirmaciones positivas, se ha criticado la estrechez con que trata el tema del >disenso. Parece, en concreto, que subraya el papel interpretativo y conservador del teólogo, sin prestar suficiente atención al papel creativo de la teología. Podría haber ofrecido además orientación más positiva a los que están implicados en la enseñanza magisterial". El documento parece transmitir, por otro lado, la impresión de que, cuando hay problemas, lo más probable es que sea el teólogo el que está equivocado. Probablemente la situación óptima es una sana tensión entre el magisterio y los teólogos. Si esta tensión desaparece, es probable que los teólogos o el magisterio, o ambos a la vez, estén fallando en su función".
Intelectualismo socrático
El intelectualismo socrático o intelectualismo moral socrático es aquel que identifica la virtud como el conocimiento. Según Sócrates, bastaba el conocimiento de lo justo (la autognosis) para obrar correctamente. Según ésta doctrina, las malas acciones son producto del desconocimiento, esto es, no son voluntarias, ya que el conocimiento de lo justo sería suficiente para obrar virtuosamente
Sócrates (470 a.C. al 399 a.C.) desarrolló la teoría del intelectualismo moral partiendo de la base del dualismo antropológico, es decir, a partir de la afirmación que el hombre está formado por una parte material (el cuerpo) y una parte no material (el alma), sin tener ésta última un significado religioso y la vez siendo la parte más importante del hombre (de ahí la frase “Conócete a ti mismo”). Por tanto, se da supremacía a los valores internos, y la salud del hombre residirá en su alma. Ésta salud será únicamente alcanzable a través de la virtud (hacer lo correcto), la cual, a su vez, se alcanza mediante el conocimiento (de la verdad, no del erudito). Es decir, ser virtuoso conducirá a una conducta justa, la cuál llevará a la felicidad y la satisfacción.

La tesis esencial del intelectualismo moral es la siguiente: la experiencia moral se basa en el conocimiento del bien. Sólo si se conoce qué es el bien y la justicia se puede realizar el bien y la justicia. Sócrates hace las siguientes consideraciones a sus conciudadanos: cuando uno de vosotros está enfermo no propone una votación entre los miembros de la familia para establecer qué remedio es adecuado para curar la enfermedad: ocurre más bien que llama al médico y se somete a su juicio y recomendaciones; cuando un ejército quiere derrotar al enemigo no se realiza una consulta popular para establecer el modo de atacar, es el estratega quien decide el modo de dirigir a los soldados y plantear las batallas; cuando queremos levantar un edificio no hacemos una votación para decidir el modo de construirlo, dejamos que sea el arquitecto quien imponga su criterio. Y pregunta a continuación Sócrates: ¿Por qué cuando se trata de lo más importante de todo, que es el bien de la ciudad y todas las leyes que son adecuadas para la convivencia entre los ciudadanos, dejamos que todo el mundo opine y nos sometemos a la mayoría y no llamamos a aquél que sabe? Para el intelectualismo moral los asuntos morales y políticos tienen que ser cosa de expertos. Esta propuesta socrática puede dar lugar a interpretaciones políticas antidemocráticas y elitistas (como, por cierto, se ve claramente en la filosofía política de su discípulo Platón).

El punto de vista de Sócrates está aquejado de cierta ambigüedad: cuando Sócrates pide que en la base de la moral y la política se encuentre el conocimiento ¿a qué conocimiento se refiere? Podemos distinguir entre el saber hacer algo y el saber en qué consiste ese algo. Por ejemplo, el artista sabe hacer belleza, pero es muy posible que no sepa en qué consiste la belleza, ni qué pasos concretos hay que seguir para alcanzarla. El primer tipo de saber es un saber entendido como destreza (bien sea corporal o espiritual) para la realización de algo, y el segundo tipo es un saber entendido como conocimiento explícito y consciente de algo (como ocurre por ejemplo en la ciencia). Es fácil observar que estas dos formas de saber no tienen que ir necesariamente unidas, así el historiador y el crítico del arte pueden saber explícitamente muchas cosas relativas a la belleza, pero es muy posible que no sepan crear arte ni belleza. Parece ser que Sócrates pedía un conocimiento del segundo tipo como garantía de las acciones buenas y justas. De ahí la confusión que creaba en sus interlocutores cuando les preguntaba por una definición de aquello para lo cual se les suponía expertos.

Nuestras convicciones vulgares parecen contrarias al intelectualismo moral pues creemos que alguien puede saber que algo está mal y sin embargo realizarlo. Para el intelectualismo moral la perfección moral es una consecuencia de la perfección del intelecto o razón; sin embargo otros autores como Aristóteles se acercarán más al punto de vista corriente al considerar que el conocimiento no es condición suficiente para la conducta justa y buena. Este autor pondrá como fundamento de la práctica moral la perfección de la voluntad más que la perfección del intelecto: la conducta buena no depende tanto del conocimiento como de la disciplina de la voluntad en la realización de las acciones justas. Así, desde el punto de vista de Aristóteles y en contra del intelectualismo moral, cabe concluir que seguramente para ser justo es necesario saber realizar la justicia, pero aquí esta palabra no designa un conocimiento explícito y teórico de la justicia sino la posesión de una habilidad o disposición para la realización de acciones justas.
EL EMPIRISMO.
El empirismo clásico abarca los siglos XVII y XVIII, por lo que se sitúa tanto en la época barroca como en la Ilustración. Es una corriente de pensamiento básicamente inglesa, en una Inglaterra peculiar con respecto al resto de Europa. Las revoluciones burguesas contra el absolutismo de 1640-1650, comunes a toda Europa, sólo lograron triunfar en Inglaterra, donde al poder económico de la burguesía se sumó el poder político de la nobleza. Tras un período de graves crisis políticas y guerras civiles, se instaura en 1688 la monarquía parlamentaria, triunfando así los intereses económicos, políticos y culturales de la burguesía. A partir de ahora será Inglaterra la potencia a imitar, y entre los inspiradores de la Ilustración destacarán dos ingleses: Locke (teórico del liberalismo político) y Newton (ciencia).

Antecedentes del empirismo los encontramos en la escuela de Oxford del siglo XIII y la comente nominalista posterior.

Coincide con el racionalismo en considerar el problema del conocimiento como e¡ asunto central de la filosofía, pero las respuestas son, en general, opuestas. Por otra parte, tanto racionalismo como. Empirismo toma como modelo la ciencia moderna pero mientras los primeros lo hacen en su aspecto matemático, los segundos recogen la importancia de la experiencia.

Las características principales del empirismo son:

1.El origen del conocimiento es la experiencia. La mente es una

"Tabla rasa" que ha de ser rellenada de contenido empírico. Se niegan

Por tanto las ideas innatas que defendía el racionalismo.

2. El conocimiento humano tiene un límite: la propia experiencia.

Todo conocimiento que pretenda ir más allá de la experiencia es o meramente probable o dudoso. El escepticismo de Hume será el más
 claro ejemplo de desavenencia con la pretensión racionalista de un conocimiento absoluto.

3. Todo conocimiento es conocimiento de ideas. Se conocen las ideas, no las cosas. En esto coinciden con el racionalismo. En George Berkeley esta tesis conducirá a un idealismo radical (negación de la realidad material).

4. La razón es una razón crítica (examina sus límites y posibilidades) que queda invalidada para asuntos metafísicos, por lo que su tarea debe inclinarse a cuestiones prácticas (políticas, morales,...).

Los principales representantes del empirismo clásico son Locke, Berkeley y Hume.

John Locke (1632-1704). De gran actividad política, teórico del liberalismo político, sus teorías inspiran las revoluciones burguesas de su país, las teorías políticas de la Ilustración francesa y la Constitución de los Estados Unidos. Desde el punto de vista de la teoría del conocimiento, aunque con alguna influencia racionalista, es el fundador del empirismo. Pensaba que todo posible conocimiento deriva de la experiencia. De ella recibimos información que configúralas ideas simples (color, olor, figura, ...), y a partir de éstas elaboramos /deas complejas (las distintas sustancias). A qué realidad extramental hagan referencia estas ideas derivadas, es de lo que no sabemos nada. Sus principales obras son Dos tratados sobre el gobierno civil, y Ensayo sobre el entendimiento humano.
QUE ES EL METODO CIENTÍFICO?
Tenemos tres definiciones básicas que nos explican el concepto de lo que es el método científico y son:
1) El método científico es el conjunto de procedimientos lógicos que sigue la investigación para descubrir las relaciones internas y externas de los procesos de la realidad natural y social.
2) Llamamos método científico a la serie ordenada de procedimientos de que se hace uso en la investigación científica para obtener la extensión de nuestros conocimientos.
3) Se entiende por método científico al conjunto de procesos que el hombre debe emplear en la investigación y demostración de la verdad.
EL METODO CIENTIFICO ES RACIONAL
Es racional porque se funda en la razón, es decir, en la lógica, lo cual significa que parte de conceptos, juicios y razonamientos y vuelve a ellos; por lo tanto, el método científico no puede tener su origen en las apariencias producidas por las sensaciones, por las creencias o preferencias personales. También es racional porque las ideas producidas se combinan de acuerdo a ciertas reglas lógicas, con el propósito de producir nuevas ideas.
EL METODO CIENTIFICO ES ANALÍTICO

El método científico descompone todo lo que trata con sus elementos; trata de entender la situación total en términos de sus componentes; intenta descubrir los elementos que componen cada totalidad y las interrelaciones que explican su integración. Por tal razón, los problemas de la ciencia son parciales y así con sus soluciones, mas aun: los problemas son estrechos al comienzo, pero van ampliándose a medida que la investigación avanza.
EL METODO CIENTIFICO ES CLARO Y PRECISO
La claridad y la precisión del método científico se consigue de las siguientes formas
Los problemas se formulan de manera clara, para lo cual, hemos de distinguir son los problemas e, incluiremos en ellos los conceptos o categorías fundamentales.
El método científico inventa lenguajes artificiales utilizando símbolos y signos; a estos símbolos se les atribuye significados determinados por medio de reglas de designación.
EL METODO CIENTIFICO ES VERIFICABLE
Todo conocimiento debe aprobar el examen de la experiencia, esto es, observacional y experimental. Por tal razón la ciencia fáctica es empírica en el sentido de que la comprobación de sus hipótesis involucra la experiencia; pero no es necesariamente experimental y, por eso, no es agotada por las ciencias de laboratorio.
EL METODO CIENTIFICO ES EXPLICATIVO
Intenta explicar los hechos en términos de leyes, y las leyes en términos de principios; ademas de responder al como son los cosas, responde tambien a los porques, porque suceden los hechos como suceden y no de otra manera.
La explicación científica se realiza siempre en términos de leyes.
OBJETIVO DEL METODO CIENTIFICO
El método científico busca alcanzar la verdad fáctica mediante la adaptación de las ideas a los hechos, para lo cual utiliza la observación y la experimentación.
El método parte de los hechos intentando describirlos tales como son para llegar a formular los enunciados fácticos que se observan con ayuda de teorías se constituye en la materia prima para la elaboración teórica.
3.2 ESTRUCTURA DEL METODO CIENTIFICO
Cuando se analiza un determinado fenómeno se procede sistemáticamente, siguiendo una serie de etapas establecidas en sus pasos fundamentales. Esta secuencia constituye el denominado método científico, o experimental que se estructura de:
OBSERVACIÓN O EXPERIMENTACIÓN
La observación consiste en un examen critico y cuidadoso de los fenómenos, notando y analizando los diferentes factores y circunstancias que parecen influenciarlos.
La experimentación consiste en la observación del fenómeno bajo condiciones preparadas de antemano y cuidadosamente controladas. Sin la experimentación la Ciencia Moderna nunca habría alcanzado los avances que han ocurrido.
Los laboratorios son esenciales para el método.
ORGANIZACIÓN
Se refiere al análisis de los resultados cualitativos y cuantitativos obtenidos, compararlos entre ellos y con los resultados de observaciones anteriores, llegando a leyes que se expresan mediante formulas o en palabras.
HIPÓTESIS Y TEORIA
En este paso se propone explicaciones tentativas o hipótesis, que deben ser probadas mediante experimentos. Si la experimentación repetida no las contradice pasan a ser teorías. Las teorías mismas sirven como guías para nuevos experimentos y constantemente están siendo sometidas a pruebas. En la teoría, se aplica razonamientos lógicos y deductivos al modelo.
VERIFICACIÓN Y PREDICCION

El resultado final es la predicción de algunos fenómenos no observados todavía o la verificación de las relaciones entre varios procesos. El conocimiento que un físico o investigador adquiere por medios teóricos a su vez puede ser utilizado por otros científicos para realizar nuevos experimentos para comprobar el modelo mismo, o para determinar sus limitaciones o fallas. El físico teórico entonces revisa y modifica su modelo de modo que este de acuerdo con la nueva información. En esta interrelación entre la experimentación y la teoría lo que permite a la ciencia progresar continuamente sobre una base sólida.
3.3 IMPORTANCIA DE SU UTILIZACIÓN
Como ya se analizado anteriormente este método científico es de vital importancia para la ciencia en general, porque ha sido la responsable directa de todos los avances que se han producido en todos los campos científicos y que por ende han influido sobre nuestra sociedad.
Gracias a sus componentes estructurales y a lo que busca en si este método a dado los pasos necesarios para que grupos de científicos dedicados a su materia vayan descubriendo y detectando fallas en teorías predecesoras a las suyas.

 EL HOMBRE COMO SER SOCIAL Y POLÍTICO
Desde que nacemos entramos a un mundo peculiar, a un ámbito eminentemente humano. Ello significa que vivimos compartiendo hábitos, costumbres, tradiciones, lengua y sobre todo normas, valores y leyes con otros seres humanos. Y a este mundo o ámbito humano se le llama también sociedad. Vivir en sociedad es en suma, desde el punto de vista sociológico y antropológico: convivir con los otros.

Aristóteles, uno de los más importantes filósofos de la antigüedad griega, define al hombre como un animal político, lo que en otros conceptos significa, que como humanos necesariamente tenemos que vivir en sociedad. No cabe la menor duda, nacemos humanos, pero lo humano no es meramente biológico, lo genéticamente dado en cada uno de nosotros. Los demás seres vivos, nacen ya genéticamente programadas para ser lo que son, y no pueden hacer otra cosa de lo que viene dado en su programa biológico.

Los seres humanos, al vivir en sociedad, a diferencia de los animales, nos educamos, nos transformamos para bien o para mal, ya que fuera del ámbito social esto no sería posible. Por esta razón el mismo Aristóteles nos dice que fuera de la sociedad sólo podrán existir los dioses o las bestias.

Se podría decir que la diferencia entre los seres humanos y los animales radica, entre otras cosas, en el grado de inteligencia que desarrollan; sin embargo, la inteligencia humana conlleva la capacidad de poder transformar el mundo. Marx entendió esta capacidad humana productiva no solamente como una transformación que genera bienes de consumo, sino también una capacidad humana productiva no solamente como una transformación que genera bienes de consumo, sino también una capacidad que nos permite producir valores culturales.

Un individuo requiere de la sociedad para poder formarse y proyectar como ser humano. Podemos decir que las normas o reglas sociales permiten en gran medida la convivencia, ya que regulan nuestra conducta y formas de relacionarnos con los demás. La tolerancia, la justicia y la solidaridad, entre otros valores, se hacen patentes en una comunidad integrada por seres humanos que ordenan sus vidas ya en lo individual o en lo social, de acuerdo a formas de vida, principios, valores, normas y leyes establecidas justamente para garantizar el bien común.



martes, 15 de marzo de 2016

2016

epistemologia 

En el siglo V a.C., los sofistas griegos cuestionaron la posibilidad de que hubiera un conocimiento fiable y objetivo. Por ello, uno de los principales sofistas, Gorgias, afirmó que nada puede existir en realidad, que si algo existe no se puede conocer, y que si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar. Otro sofista importante, Protágoras, mantuvo que ninguna opinión de una persona es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia. Platón, siguiendo a su ilustre maestro Sócrates, intentó contestar a los sofistas dando por sentado la existencia de un mundo de formas o ideas, invariables e invisibles, sobre las que es posible adquirir un conocimiento exacto y certero. Mantenía que las cosas que uno ve y palpa son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en matemáticas y filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento abstracto de esas disciplinas proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes. Concluyó que la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.
Aristóteles siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, pero discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia. El conocimiento se adquiere ya sea por vía directa, con la abstracción de los rasgos que definen a una especie, o de forma indirecta, deduciendo nuevos datos de aquellos ya sabidos, de acuerdo con las reglas de la lógica. La observación cuidadosa y la adhesión estricta a las reglas de la lógica, que por primera vez fueron expuestas de forma sistemática por Aristóteles, ayudarían a superar las trampas teóricas que los sofistas habían expuesto. Las escuelas estoica y epicúrea coincidieron con Aristóteles en que el conocimiento nace de la percepción pero, al contrario que Aristóteles y Platón, mantenían que la filosofía había de ser considerada como una guía práctica para la vida y no como un fin en sí misma.
Después de varios siglos de declive del interés por el conocimiento racional y científico, el filósofo escolástico (véase Escolasticismo) santo Tomás de Aquino y otros filósofos de la edad media ayudaron a devolver la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe en un sistema unificado de creencias. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en considerar la percepción como el punto de partida y la lógica como el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, pero estimó que la fe en la autoridad bíblica era la principal fuente de la creencia religiosa.

LOS TRES NIVELES DEL CONOCIMIENTO.

El ser humano puede captar un objeto en tres diferentes niveles, sensible, conceptual y holístico. El conocimiento sensible consiste en captar un objeto por medio de los sentidos; tal es el caso de las imágenes captadas por medio de la vista. Gracias a ella podemos almacenar en nuestra mente las imágenes de las cosas, con color, figura y dimensiones. Los ojos y los oídos son los principales sentidos utilizados por el ser humano. Los animales han desarrollado poderosamente el olfato y el tacto.
En segundo lugar, tenemos el conocimiento conceptual, que consiste en representaciones invisibles, inmateriales, pero universales y esenciales. La principal diferencia entre el nivel sensible y el conceptual reside en la singularidad y universalidad que caracteriza, respectivamente, a estos dos tipos de conocimiento. El conocimiento sensible es singular y el conceptual universal. Por ejemplo, puedo ver y mantener la imagen de mi padre; esto es conocimiento sensible, singular. Pero además, puedo tener el concepto de padre, que abarca a todos los padres; es universal. El concepto de padre ya no tiene color o dimensiones; es abstracto. La imagen de padre es singular, y representa a una persona con dimensiones y figura concretas. En cambio el concepto de padre es universal (padre es el ser que da vida a otro ser). La imagen de padre sólo se aplica al que tengo en frente. En cambio, el concepto de padre se aplica a todos los padres. Por esto decimos que la imagen es singular y el concepto es universal.
En tercer lugar tenemos el conocimiento holístico (también llamado intuitivo, con el riesgo de muchas confusiones, dado que la palabra intuición se ha utilizado hasta para hablar de premoniciones y corazonadas). En este nivel tampoco hay colores, dimensiones ni estructuras universales como es el caso del conocimiento conceptual. Intuir un objeto significa captarlo dentro de un amplio contexto, como elemento de una totalidad, sin estructuras ni límites definidos con claridad. La palabra holístico se refiere a esta totalidad percibida en el momento de la intuición (holos significa totalidad en griego). La principal diferencia entre el conocimiento holístico y conceptual reside en las estructuras. El primero carece de estructuras, o por lo menos, tiende a prescindir de ellas. El concepto, en cambio, es un conocimiento estructurado. Debido a esto, lo percibido a nivel intuitivo no se puede definir, (definir es delimitar), se capta como un elemento de una totalidad, se tiene una vivencia de una presencia, pero sin poder expresarla adecuadamente. Aquí está también la raíz de la dificultad para dar ejemplos concretos de este conocimiento. Intuir un valor, por ejemplo, es tener la vivencia o presencia de ese valor y apreciarlo como tal, pero con una escasa probabilidad de poder expresarla y comunicarla a los demás.
Un ejemplo de conocimiento holístico o intuitivo es el caso de un descubrimiento en el terreno de la ciencia. Cuando un científico dislumbra una hipótesis explicativa de los fenómenos que estudia, podemos decir que ese momento tiene un conocimiento holístico, es decir, capta al objeto estudiado en un contexto amplio en donde se relaciona con otros objetos y se explica el fenómeno, sus relaciones, sus cambios y sus características. El trabajo posterior del científico, una vez que ha vislumbrado una hipótesis, consiste en traducir en términos estructurados ( conceptos) la visión que ha captado en el conocimiento holístico, gracias a un momento de inspiración.
La captación de valores nos ofrece el mejor ejemplo de conocimiento holístico. Podemos ver a un ser humano enfrente de nosotros (esto es un conocimiento sensible o de primer nivel). Podemos captar el concepto de hombre y definirlo (esto es un conocimiento conceptual o de segundo nivel). Pero además, podemos vislumbrar el valor de este hombre en concreto dentro de su familia. Percibimos su valor y lo apreciamos. Esto es un conocimiento holístico o de tercer nivel.
La experiencia estética nos proporciona otro ejemplo de conocimiento holístico. Percibir la belleza de una obra de arte significa captar ese objeto sin estructuras, sin conceptos, simplemente deteniéndose en la armonía, congruencias y afinidades con el propio sujeto. Debido a esto, la experiencia estética se puede denominar también conocimiento por connaturalidad.
EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO.

Se denomina racionalismo a la doctrina epistemológica que sostiene que la causa principal del conocimiento reside en el pensamiento, en la razón. Afirma que un conocimiento solo es realmente tal, cuando posee necesidad lógica y validez universal. El planteamiento mas antiguo del racionalismo aparece en Platón. El tiene la íntima convicción de que el conocimiento verdadero debe distinguirse por la posesión de las notas de la necesidad lógica y de la validez universal.

2.- El empirismo.
Frente a la tesis del racionalismo, el pensamiento, la razón, es el único principio del conocimiento, el empirismo ( del griego Empereimía = experiencia ) opone la antitesis: la única causa del conocimiento humano es la experiencia. Según el empirismo, no existe un patrimonio a priori de la razón. La conciencia cognoscente no obtiene sus conceptos de la razón , sino exclusivamente de la experiencia. El espíritu humano, por naturaleza, está desprovisto de todo conocimiento.
El racionalismo es guiado por la idea determinada, por el conocimiento ideal, mientras que el empirismo, se origina en los hechos concretos.
Los racionalistas casi siempre surgen de la matemática; los defensores del empirismo, según lo prueba su historia, frecuentemente vienen de las ciencias naturales. Esto se entiende sin esfuerzo. La experiencia es el factor determinante en las ciencias naturales.
En ellas, lo más importante es la comprobación exacta de los hechos por medio de una cuidadosa observación. El investigador depende totalmente de la experiencia. Suelen distinguirse dos clases de experiencia: una interna y otra externa. El fundamento de un conocimiento válido, no se encuentra en la experiencia, sino en el pensamiento.

3.- Apriorismo.
En la historia de la Filosofía existe también un segundo esfuerzo de intermediación entre el racionalismo y el empirismo: el apriorismo. El cual también considera que la razón y la experiencia son a causa del conocimiento. Pero se diferencia del intelectualismo porque establece una relación entre la razón y la experiencia, en una dirección diametralmente opuesta a la de éste. En la tendencia de apriorismo, se sostiene que nuestro conocimiento posee algunos elementos a priori que son independientes de la experiencia. Esta afirmación también pertenece al racionalismo. Si relacionáramos el intelectualismo y el apriorismo con los dos extremos contrarios entre los cuales pretenden mediar, inmediatamente descubriríamos que el intelectualismo tiene afinidad con el empirismo, mientras que el apriorismo, se acerca al racionalismo. El intelectualismo forma sus conceptos de la experiencia; el apriorismo rechaza tal conclusión y establece que el factor cognoscitivo procede de la razón y no de la experiencia.

LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO.

1.- El dogmatismo.

Para el, resulta comprensible el que el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehenda su objeto, esta actitud se fundamenta en una confianza total en la razón humana, confianza que aún no es debilitada por la duda.
El dogmatismo supone absolutamente la posibilidad y realidad del contacto entre el sujeto y el objeto.
Para Kant el dogmatismo es la actitud de quien estudia la metafísica sin haber determinado con anterioridad cuál es la capacidad de la razón humana para tal estudio.
2.-El escepticismo.

El dogmatismo frecuentemente se transforma en su opuesto, en el escepticismo. Mientras que el dogmatismo considera que la posibilidad de un contacto entre el sujeto y el objeto es comprensible en sí misma, el escepticismo niega tal posibilidad. El sujeto no puede aprehender al objeto, afirma el escepticismo. Por tanto, el conocimiento, considerado como la aprehensión real de un objeto, es imposible. Según esto, no podemos externar ningún juicio, y debemos abstenernos totalmente de juzgar.
Mientras que el dogmatismo en cierta forma ignora al sujeto, el escepticismo desconoce al objeto.
El escepticismo se puede hallar, principalmente, en la antigüedad. Su fundador fue Pirrón de Elis ( 360 a 270 ) . El afirma que no puede lograrse un contacto entre el sujeto y el objeto. La conciencia y cognoscente esta imposibilitada para aprehender su objeto.

3.- El subjetivismo y el relativismo.

El escepticismo sostiene que no hay verdad alguna. El subjetivismo y el relativismo no son tan radicales. Con ellos se afirma que si existe una verdad; sin embargo, tal verdad tiene una validez limitada. El subjetivismo, como su nombre lo indica, limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga. El relativismo afirma que no existe alguna verdad, alguna verdad absolutamente universal.
El subjetivismo y el relativismo son análogos, en su contenido, al escepticismo. En efecto, ambos niegan la verdad; no en forma directa como el escepticismo, pero sí en forma indirecta al dudar de su validez universal.

4.- El pragmatismo.

El escepticismo presenta una actitud esencialmente negativa. Formula la negación de la posibilidad del conocimiento. El escepticismo adquiere un cariz positivo en el pragmatismo moderno. El pragmatismo, al igual que el escepticismo, desecha el concepto de la verdad considerado como concordancia.
El pragmatismo cambia el concepto de la verdad en cuanto que es originado por una peculiar concepción de lo que es el ser humano. Dentro de tal concepción el hombre no es primordialmente un ser especulativo y pensante, sino un ser práctico, un ser volitivo.
5.- El criticismo.

Existe una tercer postura que resolvería la antitesis en una síntesis. Esta postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo recibe el nombre de criticismo. Al igual que el dogmatismo, el criticismo admite una confianza fundamental en la razón humana. El criticismo está convencido de que es posible el conocimiento de que existe la verdad. Pero mientras que tal confianza conduce al dogmatismo, a la aceptación candorosa, para decirlo en alguna forma, de todas las aseveraciones de la razón humana y al no fijar límites al poder del conocimiento humano, el criticismo pone, junto a la confianza general en el conocimiento humano, una desconfianza hacia cada conocimiento particular, acercándose al escepticismo por esto.
El criticismo examina todas y cada una de las aseveraciones de la razón humana y nada acepta con indiferencia.


mayeutica
La mayéutica de Sócrates es una técnica o método de construcción de conceptos, este método fue difundido y creado por Sócrates el cual ayuda a crear ideas, a concretar el trabajo de concepción de ideas con el alumbramiento del conocimiento, cuya meta es la verdad fundada en la razón. Se le denomina Mayéutica o Método Mayeutico a esta práctica que en griego se denomina “partera” puesto que ayuda a “parir” ideas, a pesar de que en el lenguaje filosófico se traduce como el arte de alumbrar espíritus.
Socrates fue quien dijo la frase; “yo solo se que no se nada”, Esta a su vez tiene que ver con un método utilizado para llegar a la obtención del conocimiento.
Como la partera; Sócrates lleva acabo tres funciones fundamentales: despierta y apacigua los dolores del parto, conduce bien los partos difíciles y provoca, si es necesario el aborto; el proceso es doloroso debido a las crueles interrogantes del método Socrático pero esto desencadena la iluminación.
Sócrates es llamado el anti-maestro debido a que él, enseñaba en base a lo que las demás personas sabían, la mayéutica es el punto en el que la misma persona descubre la verdad por si solo; es por ello el significado de “parto” al concebir una realidad que prácticamente Sócrates solo ayudo a llegar.
Los momentos básicos de este método son:
  • La ironía, la cual presenta una serie de preguntas al interlocutor para confundirlo, hacerlo caer en la contradicción y hacerlo reconocer su ignorancia.
  • Después de aceptada su ignorancia, el locutor hace descubrir al interlocutor las verdades que llevan en sí sus respuestas, para invitarlo a pensar racionalmente y que genere los conceptos universales propios de la filosofía.


 Metáfora de la Linea

En el libro VI de la República, Platón le otorga a la Idea de Bien, además del valor ético, una importancia epistemológica. Dice que es “la que proporciona la verdad a los objetos de conocimiento y la facultad de conocer a quien conoce”.

El pasaje de la línea sigue el de la Idea del Bien, surge de él y pretende completarlo. En este pasaje, Platón establece los grados de conocimiento, que dependen de la verdad: imaginación, creencia, pensamiento discursivo y sabiduría; y los correspondientes grados de realidad: imágenes, cosas, entes matemáticos e ideas.
Mundo sensible
El grado de realidad más bajo son las imágenes (eikasia) de las cosas, “sombras, y en segundo lugar figuras que se reflejan en el agua, y en todo lo que es compacto, pulido y brillante, y en otras cosas parecidas”. Es posible que Platón pensara en actividades que imitan la realidad, como la poesía, la pintura o la retórica.
El segundo grado de realidad es el de las cosas (zoa), es decir, los objetos físicos en general: “los animales que nos rodean, todas las plantas, y el género entero de las cosas fabricadas”. Las diversas artes productoras como la carpintería o la alfarería encajarían aquí. También la física.

A nivel ontológico, en cuanto al grado de realidad, la relación entre las imágenes y las cosas es la misma que la de las copias con los modelos.

Mundo Inteligible
En tercer lugar, tenemos los entes matemáticos. En Metafísica 987 b 14-8 nos dice Aristóteles que Platón distinguía entre las Ideas y los entes matemáticos (ta mathematikà) porque estos eran intermediarios entre las Ideas y los particulares sensibles: inmutables como las Ideas, y plurales como los particulares correspondientes de una Idea. Ahora bien, según Ross, en la Metáfora de la línea, Platón no hace ninguna mención a la diferencia entre las Ideas y los entes matemáticos. Las dos subsecciones juntas constituyen el Mundo Inteligible.
La cuarta subsección (EB) es la de las Ideas o primeros principios (arxai)
Los grados de conocimiento Al final de la Metáfora de la línea, Platón da los nombres de los grados del conocimiento correspondientes a las cuatro clases de objetos: imaginación (eikasia), creencia (pistis), pensamiento discursivo (diànoia) e intelección (nóesis).

Mundo sensible
Imaginación (eikasia) significa aquí "aprehensión de imágenes", conjetura, es una actitud conscientemente insegura ante sus objetos.
Creencia (pistis), es una actitud que, bien o mal fundada, está libre de titubeo.

La imaginación tiene un nivel epistemológico inferior a la creencia en la comprensión de la realidad.

Mundo Inteligible
Pensamiento discursivo (diánoia): En aritmética y geometría, para conocer los entes matemáticos, el entendimiento va de un principio hipotético a la conclusión, apoyándose en figuras o imágenes sensibles cuando demuestra un teorema y sin necesidad de justificar racionalmente el principio hipotético (se supone la existencia del triángulo o del número, sin tenerla que justificar racionalmente);
Intuición (noésis): En la dialéctica, para conocer las Ideas, el entendimiento parte de un principio hipotético para llegar a un primer principio no hipotético (la Idea de Bien), sin descansar en ningún contenido sensible y justificando racionalmente el primer principio no hipotético. Sólo la dialéctica es capaz de cancelar el carácter hipotético de los principios utilizados por las otras disciplinas, al dar razón de ellos y justificarlos racionalmente. Para Platón un requisito esencial del verdadero conocimiento es poder dar razón del primer principio (arxé, idea).

Noesis y diánoia son dos métodos de búsqueda diferentes. La diánoia tiene un estatus epistemológico inferior a la noésis porque se apoya en figuras o imágenes sensibles y no justifica racionalmente sus principios hipotéticos.

El mito de la caverna

El carácter global del pasaje de la caverna difiere del significado de la metáfora de la línea. La Metáfora de la línea prefigura la exposición del libro VII de la República sobre la ciencia y la filosofía en cuanto que indagaciones intelectuales. El mito de la caverna resalta, además, la función ética y pedagógica de la filosofía: La filosofía guía a los hombres no sólo desde la vida de los sentidos hasta la de la inteligencia, sino también desde la conformidad con las apariencias y las convenciones humanas hasta la aprehensión directa de la verdad  moral.
El mito de la caverna ha sido interpretado desde tres vertientes: la epistemológica, la ontológica y la pedagógica.

Interpretación epistemológica: El mito de la caverna, igual que el pasaje de la línea, presenta los diferentes grados de conocimiento (imaginación, opinión, pensamiento discursivo y sabiduría) que se corresponden con los diversos grados de realidad de los seres (desde la pura materia desorganizada representada por la oscuridad absoluta del fondo de la cueva, hasta la luz absoluta del sol, que se corresponde con la Idea de Bien).
Interpretación ontológica: el interior de la caverna representa el mundo sensible; el exterior, el mundo inteligible. Fuera de la cueva, los objetos reales simbolizan las ideas, mientras que sus sombras hacen referencias a los entes matemáticos.
Las interpretaciones epistemológica y ontológica nos permiten comparar el Mito de la caverna con la Metáfora de la línea . Trazamos una línea desde el fondo de la caverna hasta el Sol: aparece una gradación continua que va desde la pura oscuridad del fondo de la caverna, que representa la materia, hasta la máxima luz, representada por el sol, símbolo de la Idea suprema. Esta línea diagonal, desde el fondo hasta la superficie, representa la gran cadena del ser. El escalonamiento de los varios sectores de la caverna y del exterior muestra los grados del saber y de la realidad. Si estos grados los representamos sobre una línea, obtendremos los mismos segmentos en que está dividida la línea.
Interpretación pedagógica: El Mito de la Caverna es una alegoría sobre la educación y la función del filósofo (el maestro), quien tiene la obligación moral de sacar de la ignorancia a los y las futuras ciudadanas. Una cuestión destacada en este mito es la de la motivación para aprender. ¿Qué es el que nos llevará a salir de la caverna y a romper las cadenas que nos ligan al fondo de la cueva? Una de estas fuerzas es la representada por el maestro (el filósofo). Pero, qué es el que nos motiva a ser "maestro", es decir, a desear encontrar el verdadero conocimiento?
Motivación para aprender. En Teeteto, Platón afirma que la filosofía, el ansia de saber, es producto de la admiración. La admiración ante las espectaculares expresiones sensibles de la Naturaleza es la que nos motiva a viajar por los mundos del conocimiento.

La admiración, en cuanto que motivación para aprender, nos la despierta el impulso de Eros. Con el discurso de Diotima de Mantinea en el Banquete, Platón describe cuál es el camino adecuado para llegar al verdadero conocimiento:

"... el camino recto hacia el amor, tanto si se sigue espontáneamente como si otro te guía, consiste en empezar por las bellezas de este mundo y elevarse hasta la belleza suprema pasando, para así decirlo, por todos los peldaños, de un cuerpo bello a dos, de dos a todos los otros, de los cuerpos bellos a las ocupaciones bellas, de las ocupaciones bellas a las ciencias bellas, hasta que, de ciencia en ciencia, se llega a la ciencia por excelencia que no es otra que la ciencia de aquello bello en si, y se acabe por conocerlo tal como es en sí."

La motivación para aprender, el amor a la sabiduría (filosofía), nos impulsa a seguir la vida del conocimiento hasta llegar a la comprensión global del Mundo Inteligible, de la realidad (las Ideas y su interrelación). Logrado el verdadero conocimiento, el filósofo será feliz.

2. ¿Qué es conocer? Conocer es recordar. Teoría de la anamnesis o reminiscencia

En la formulación inicial de la teoría de las Ideas, Platón sostuvo que nadie puede aplicar correctamente una palabra (concepto), si previamente no posee alguna noción general sobre su significado. ¿Cómo logramos esta noción general, cómo logramos el conocimiento?

Antes de contestar esta cuestión, Platón plantea un problema epistemológico: conocer o aprender es un proceso imposible si previamente no se conoce de alguna manera aquello que se quiere aprender (aquello que se busca). Para superarlo, Platón dice en el Menón que investigar (buscar) y aprender no son otra cosa que recordar (anamnesis)

Las Ideas no son inmanentes a las cosas sensibles. Estas las imitan o participan de ellas. Las ideas son una realidad "separada" del Mundo Sensible. Por eso, el verdadero conocimiento no lo obtenemos de la percepción de las cosas sensibles. De la percepción del Mundo Sensible sólo podemos lograr opinión (dóxa) sobre las cosas, las cuales están en un permanente devenir (entre el Ser -Idea, esencia- y la Nada). Ahora bien, no llegaremos a conocer las Ideas despreciando los sentidos y dedicándonos a la pura contemplación (intuición) sino usándolos y descubriendo lo que nos sugieren. En el Fedón, Platón dice que la percepción del Mundo Sensible le hará recordar al alma (psique) lo que ya sabía, las Ideas. Esta las ha contemplado durante su estancia en el Mundo Inteligible. Pero, al introducirse dentro de un cuerpo, todo lo olvidó. El conocimiento sensible (dóxa) le sirve para recordar y el recuerdo, para reducir a la unidad de la Idea la multiplicidad de las sensaciones.

3. ¿Cómo conocer? La dialéctica

La dialéctica ha sido entendida por Platón de varias maneras. Cronológicamente la ha entendido como diálogo, como disciplina o saber y como método de investigación:

La dialéctica como diálogo:

En la etapa socrática, la de juventud, la dialéctica es el método socrático del diálogo, basado en una sucesión de preguntas y respuestas. Se trata de diálogos metodológicamente construidos en dos partes fundamentales: la ironía y la mayéutica.

Ironía. En esta parte del diálogo, después de presentar el tema con una pregunta del tipo "¿qué es la justicia?", desarrolla la refutación de la aparente sabiduría del interlocutor, quien no sabe pero cree saber. Una larga sucesión de preguntas y respuestas tiende a conseguir el reconocimiento de la propia ignorancia, por parte del interlocutor, lo que le deja en disposición de empezar, de la mano de Sócrates, la búsqueda de la definición, cuyo encuentro supondrá un verdadero saber. El punto de partida de esta indagación es, pues, el reconocimiento de la propia ignorancia (“sólo sé que no sé nada” dijo Sócrates).
Mayéutica. Proceso de concebir y dar a luz “conceptos”. Este proceso de la mayéutica permite retomar el diálogo y dirigirlo hacia la búsqueda de la definición general del concepto que se examina. Esta definición pretende captar la esencia, es decir, “lo que es” y, por tanto, no puede ser una mera definición nominal (definir una palabra con otra palabra), pues caeríamos en un círculo vicioso.
El diálogo es posible porque los diferentes interlocutores comparten un lógos común. Esta tesis es la que permitió a Sócrates y Platón postular la existencia de verdades absolutas, en contra del relativismo sofista. El valor del diálogo está en el proceso mismo de la búsqueda del saber y de la liberación de la ignorancia.

La dialéctica como saber de justificación de principios.

Plató i AristòtilEn República, Platón dice que sólo la dialéctica es capaz de cancelar el carácter hipotético de los principios utilizados por las otras disciplinas, al dar razón de ellos y justificarlos racionalmente. Para conseguirlo, la dialéctica se remonta hasta un principio “no hipotético” (idea de Bien) desde el que poder deducir todos los otros principios (ideas). La dialéctica aparece en la República como un saber supremo de justificación de principios. Si el Bien es fundamento de la realidad y del ser de las Ideas, quienes no logren su conocimiento, tendrá un saber insuficiente de las Ideas porque las conocerá sin referencia al principio en el que se basan.

La dialéctica encarna el saber en su más alto sentido (noesis), se distingue de otras disciplinas, como la geometría y la aritmética, en que sólo ella versa única y exclusivamente sobre objetos inteligibles sin la mediación de ninguna figura visible y en que sólo ella es capaz de cancelar o “destruir las hipótesis” en una visión sistemática del saber libre de todo supuesto. Esta última característica hace necesario que en la dialéctica coexistan dos tipos de procedimiento:

El Proceso ascendente consiste en la indagación del primer principio. Se trata de partir de una Idea y ascender hasta la Idea suprema (idea de Bien). Es un proceso tentantivo, de ensayo y error, que acaba en la visión directa de la idea suprema. Esto supone que el Mundo Inteligible (el Mundo de las Ideas) está estructurado jerárquicamente, que la Idea suprema es el primer principio (arxé); y que el conocimiento de este primer principio hace inteligibles todas las otras Ideas. (En la República, la Idea suprema es la Idea de Bien).
El Proceso descendente a partir de un principio no hipotético (Idea de Bien) es aquel en el que las consecuencias de la Idea de Bien se exponen en la orden debido, orden que viene dado al bajar por las hipótesis (principios hipotéticos) que han resistido el proceso ascendente. De este modo, el filósofo consigue conocer la comunicación y unión entre las Ideas, y adquiere una visión sinóptica del Mundo Inteligible.
La tarea de la filosofía, la de la ciencia, la de la dialéctica era, para Platón, el razonamiento, la deducción de las proposiciones menos generales a partir de las más generales. Esto sólo tiene un "momento" de aprehensión directa: la aprehensión del primer principio no hipotético (la idea de Bien), que no puede deducirse de ninguno otro principio porque es superior a todos ellos.

La dialéctica como método para definir de manera correcta las cosas

En Fedro, Platón hace consistir la dialéctica en el uso combinado de la reunión (synagogé) y la división (diaíresis). Con el objeto de encontrar la definición de un término específico,

la primera fase, la reunión, consistirá en “unir en una única Idea, en una visión de conjunto, lo que está esparcido por muchas partes, para poner de manifiesto, al definir cada cosa, aquello sobre lo que se quiere enseñar en cada caso”. Se trata, pues, de elegir por tanteo un género amplio al que parece corresponder el término en cuestión.
La segunda fase, la división, es el proceso inverso, porque, una vez realizado el ascenso al género al que pertenece el objeto del que se trata, es necesario volver atrás y “ser capaz de dividir de acuerdo con las especies y según los miembros naturales, sin romper ninguna parte como un mal carnicero”.
En Sofista y en Político, el acento recae sobre el proceso de división. Cuando Platón define la naturaleza de la dialéctica, ya no habla de un proceso combinado de reunión y de división, sino de ”dividir por clases [ideas] y no considerar ni diferente a una clase [idea] cuando es la misma, ni a una distinta considerarla idéntica”. Pero, también caracteriza la dialéctica de otro modo: “eso, en lo que cada una de las cosas puede tener en común y en lo que no, es saber dividir por clases”; es decir, la dialéctica no busca hacer una construcción jerárquica de las Ideas desde el summum genus hasta las infimae species, sino que más bien estudia las relaciones de compatibilidad, incompatibilidad e implicación entre las Ideas.
SòcratesPodemos ver que la concepción de la dialéctica (de la filosofía), expuesta en *Fedre, el Sofista y el Político, es completamente diferente de la expuesta en República. El objetivo de la dialéctica ya no es deducir toda verdad de la única verdad trascendente. Es uno más modesto y más realizable: marcar las relaciones de *afirmabilitat y *negabilitat, por un lado, y las relaciones de género y especie, por otra, que se dan entre las ideas.

Al comparar los dos modelos de dialéctica, las diferencias parecen evidentes: el primero la presenta como una disciplina, cuya función consiste en justificar las hipótesis o principios de las ciencias; el segundo la presenta como un método para definir de manera correcta las cosas. Sin embargo, también tienen parecidos, pues el contenido de los principios de las ciencias hace referencia a Ideas tales como números, círculos o triángulos y en República, después de tratar de la dialéctica, Platón insiste en la necesidad de definir la Idea Bien, separándola de todas las otras. Por otro lado, en esta obra se dice igualmente que la educación tendrá que proporcionar a los futuros filósofos-gobernantes una visión de conjunto en la que se mostrará la relación de cada unal de las enseñanzas con la naturaleza del ser. Incluso se podría comparar el momento de la reunión con el proceso ascendente, que en República se remonta al principio no hipotético, y la división con el proceso descendente a partir de este principio no hipotético, en la deducción de consecuencias.